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FUENTE: El País

Si no cambia el tiempo, la producción podría bajar más del 35% sobre la media de campañas anteriores

La falta de lluvia en los últimos meses en toda la península está suponiendo ya una amenaza para el desarrollo de la campaña de los cereales de invierno, así como un incremento en los gastos para las cabañas de las ganaderías extensivas y las explotaciones de vacuno en las provincias de norte. Aunque la situación tiene algunas diferencias según los territorios, las organizaciones agrarias Asaja, Upa y Coag coinciden en señalar que ya se están produciendo daños en las superficies de cultivo y que los resultados serán catastróficos si no llueve a muy corto plazo.

La campaña pasada, la producción de los cereales de invierno rondó la cifra récord con más de 19 millones de toneladas entre trigo, cebada y cultivos menores como avena, centeno y triticale.

El Ministerio de Agricultura ultima un real decreto para regular el abastecimiento global del agua en el Duero, consecuencia de la reducción de recursos en los embalses y contempla la convocatoria de una mesa para abordar el problema concreto del campo.

Desde el sector agrario se demandan medidas de ayuda vía fiscalidad y créditos. Se da la circunstancia de que los niveles de aseguramiento para la sequía son muy bajos, situación que se ha agravado esta campaña por la subida de las primas ante la reducción de las subvenciones.

La superficie de cultivo para los cereales de invierno esta campaña se mantiene en los niveles de los ejercicios anteriores, con 5,7 millones de hectáreas. En la mitad sur de la península, por su periodo de siembras más adelantadas y las lluvias caídas en su día, la situación de los cultivos es mucho mejor que en el resto del país. Sin embargo, la falta de agua está perjudicando ya los cultivos y las previsiones son a la baja.

En el caso de Castilla-La Mancha y Aragón, los cultivos se hallan igualmente al límite. La situación es más grave en Castilla y León, la mayor zona cerealista. En Tierra de Campos ya se habla de daños catastróficos y con los cultivos al límite en el resto de la comunidad autónoma.

Aunque a estas alturas es difícil hablar de pérdidas, en medios agrarios se estima que, si no cambia el tiempo, la cosecha se podría reducir más del 35% sobre la media de producción de las campañas anteriores, para situarse en menos de los 14 millones de toneladas.

La reducción del agua embalsada con los pantanos solamente a una media del 57%, ha llevado a muchos agricultores a reducir las superficies de cultivos como maíz o remolacha por temor a falta de recurso en los meses de verano.

La falta de agua está afectando también al desarrollo de los viñedos, así como al olivar en las zonas más productoras donde se teme que la buena floración de los árboles se acabe perdiendo, lo que afectaría al precio del aceite ante una cosecha la baja y por la falta de existencias.

La inexistencia de lluvias está causando también perjuicios las cabañas ganaderas extensivas en toda la península y conlleva la necesidad de utilizar piensos y transporte de agua en cisternas a las explotaciones. En las provincias del norte, la sequía ha reducido a mínimos los pastos para las explotaciones de vacuno.