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Fuente: Lanza Digital

El viñedo de Castilla-La Mancha que se extiende a lo largo de casi medio millón de hectáreas será uno de los cultivos más afectados por las cada vez más frecuentes olas de calor y las precipitaciones menos voluminosas pero más concentradas que traerá el cambio climático. Pablo Resco, técnico de Coag y uno de los investigadores de un estudio realizado por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), trasladó a Lanza la principal conclusión del trabajo, que recoge que los viñedos de la mitad sur peninsular sufrirán más los efectos negativos del nuevo modelo climático. Por ello, el trabajo plantea estrategias para que los cultivos se adapten al escenario cambiante y continúen siendo competitivos en el mercado internacional de los vinos de alta gama.

J .Y.
Ciudad Real

Resco explicó que el estudio comparado sobre los viñedos españoles se inició en 2011 y finalizó en 2015, una base científica en la que ha centrado su propia tesis doctoral, y cuyo contenido está siendo divulgado por varios artículos técnicos y por la propia organización de productores Coag a nivel nacional.
Este doctor ingeniero agrónomo relató que la investigación se centró en cómo se podía garantizar la competitividad del sector vinícola ante los potenciales cambios producidos por el cambio climático en los viñedos españoles.

Desde este punto partida, los estudiosos midieron las modificaciones que se podrían producir en la calidad y cantidad de uva de las viñas, en función de su sensibilidad a fenómenos adversos como el déficit hídrico o las olas de calor.

En concreto, midieron unos parámetros bioclimáticos “claves” para analizar la rentabilidad de la producción de la vid en escenarios cercanos, ya que las proyecciones climáticas a 50 años vista prevén un aumento de las temperaturas, un descenso de las precipitaciones y un gran aumento de las olas de calor y sequía en gran parte de la península ibérica.

Y los resultados fueron esclarecedores y apuntaron a la necesidad de “tomar medidas de adaptación de los viñedos a las nuevas condiciones para mantener la competitividad”, sobre todo en las vides de la mitad sur peninsular, como es el caso de Castilla-La Mancha y en las del noreste.

Resco concretó que “las conclusiones han sido dispares” porque el estudio “ha sido muy amplio en las zonas de viñedo de toda España”, aunque no han tenido en cuenta otros indicadores como “el microclima y los componentes del suelo”.

El investigador apuntó, además, que se ha delimitado un ámbito temporal de entre 20 y 30 años para poder implementar medidas adaptativas que hagan frente a las condiciones ambientales, caracterizadas por unas necesidades hídricas “en aumento”, dada la merma de precipitaciones y la elevación de las temperaturas.

Así, los productores de zonas como la región castellano-manchega, una de las que tiene más extensión de viñedo y es “más sensible a estos cambios”, tendrán que “introducir medidas de adaptación” para que el cultivo “sea más eficaz”.

En este sentido, los expertos piden que las nuevas inversiones y las necesidades de implementar proyectos y soluciones aplicadas basadas en la innovación por parte de los viticultores se vean apoyadas por las “acciones políticas”.

El trabajo científico y geográfico se llevó a cabo por personal del Centro de Estudios e Investigación para la Gestión de Riesgos Agrarios y Medioambientales (CEIGRAM), un centro mixto de la UPM, la Entidad Estatal de Seguros Agrarios (Enesa) y Agromutua-MAVDA, con el fin de anticiparse a los posibles riesgos para el cultivo de vid en los próximos años.