Cooperativas agro-alimentarias Castilla-La Mancha Avenida de Criptana, 43 13600 Alcázar de San Juan - Tel: 926545200

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Nuestro día a día en los pueblos, en las cooperativas, en el medio rural, nos ha llevado a conocer de primera mano los temas capitales a los que se enfrentan las personas, las empresas y las cooperativas. Nos gustaría a través de este artículo realizar una reflexión sobre uno de los grandes retos a los que el medio rural y el cooperativismo se enfrenta en el siglo XXI: el despoblamiento.

Castilla-La Mancha desde hace décadas se ve amenazada por este problema, con un claro impacto sobre la actividad social, económica y política. El problema del despoblamiento está tocando fondo en muchos municipios de la región que ya han pasado la línea roja del peligro de extinción. Por situarnos, comento brevemente algunos datos: según el Padrón a 1 de enero de 2018, el porcentaje de municipios españoles que no superan los 500 habitantes es del 49%, el 62% sin ampliamos la muestra de municipios hasta 1.000 habitantes. En Castilla-La Mancha nos situamos en el 57% y 70% respectivamente.

Esta situación está creando problemas sociopolíticos de primer orden que requiere intervenciones programadas de carácter estructural que tenga sus efectos directos sobre el tejido social y económico de los pueblos. En este sentido, el cooperativismo, puede jugar un papel más que relevante.

Son muchos los estudiosos del tema que indican que regiones como Cuenca o Guadalajara, vienen siendo incluidas dentro de lo que se ha dado en llamar “La Siberia del Sur”, junto con provincias como Teruel y Soria.

En Castilla-La Mancha, el 70% de los municipios tienen menos de 1.000 habitantes. Somos la cuarta Comunidad Autónoma española en despoblamiento, después de Castilla y León, Aragón y La Rioja. Consideramos que los municipios que bajan del umbral de población de los 500 habitantes, tienen gravísimos problemas de sostenibilidad. Por provincias, a 1 de enero de 2018, Guadalajara ocupa el segundo puesto a nivel nacional, después de Soria con el 85,4% de los municipios; Cuenca ocupa el puesto 11 con el 75,6%; Albacete el puesto 26 con el 27,6%; Toledo el puesto 28 con 25%; y Ciudad Real el puesto 33 con el 19,6%.

El medio rural español en general y el castellano manchego en particular, ya comenzaron a envejecer en los años 60, cuando generaciones enteras emigraban a la ciudad buscando nuevas oportunidades, prioritariamente a Madrid y a la costa del Mediterráneo. Hoy en día, las emigraciones son a núcleos de población intermedios buscando vida y servicios.

Los trabajos en el medio rural se han visto muy condicionados por la actividad en el sector primario, un sector que ha sido francamente denostado generación tras generación por innumerables factores: trabajo duro, largas jornadas, escaso valor añadido, unión de ruralidad y “ser paleto”, etc. Pero hoy en día, el campo, el medio rural ofrece multitud de oportunidades, donde la agricultura y el cooperativismo agroalimentario juegan un papel importante. El cooperativismo agroalimentario es un modelo de negocio que vertebra y retiene población, cada día más profesionalizada y capaz de ofrecer alimentos de calidad diferenciada.

¿Qué sería del medio urbano sin el medio rural? ¿Alguna vez lo hemos analizado? Las personas que producen productos agroalimentarios en el medio rural ¡alimentan al mundo! La población activa agrícola en España se sitúa en el 4,5% al año 2017, mientras que en el medio rural llega al 28%. La importancia de este sector debe formar parte de las mesas de trabajo y de las políticas que en este sentido se lleven a cabo. Para que tengamos un medio rural activo, necesitamos acceso a servicios de calidad, igualdad de oportunidades entre aquellas personas que deciden que su medio de vida sea rural y no urbano, así como una clara apuesta por la defensa del medio rural.

Vivimos una situación donde cada vez hay menos servicios médicos en muchos kilómetros a la redonda, se han cerrado colegios o se ha producido concentración de los niños con diversas edades, lo cual dificulta su formación, tenemos dificultades para acceder a cosas tan sencillas y tan necesarias como espacios de ocio, los centros asistenciales para personas dependientes, el acceso a la cultura, etc.

Despoblamiento 2

Necesitamos aprovechar los recursos y todas las potencialidades que nos ofrece el territorio y el medio rural, entre las que se encuentran las cooperativas agroalimentarias. Personas como Jesús, Diego, Amparo, Beatriz, Antonio, Olga, Cristina, Luis, Marta, Mercedes y otros tantos personajes anónimos, han decidido hacer del pueblo, su medio de vida. Son agricultores, ganaderos, panaderos, empleados públicos, técnicos en diversos sectores, que se han resistido a salir de los pueblos, haciendo del mismo su medio de vida. Pero otros muchos viven en el luchando por garantizar una calidad de vida a sus hijos con grandes problemas de sostenibilidad en el medio plazo.

LA HISTORIA DE CARLOS Y LAURA

Quiero contaros una historia. Carlos y Laura, de 11 y 7 años respectivamente, son hijos de Antonio y Mercedes, familia dedicada a la agricultura en uno de esos centenares de pueblos que están sufriendo de primera mano el problema del despoblamiento. Su pueblo a principios del siglo XX superaba los 500 habitantes, hoy, pese a tener más de 80 censados, apenas quedan 50 personas, con una media de edad que supera los 60 años. Carlos y Laura no tienen colegio en su municipio, ni transporte escolar. Todos los días sus padres tienen que llevarlos a 15 kilómetros de casa para que puedan recibir la formación que necesita cualquier niña o niño. Cuando se ponen enfermos, hay que programarse para que puedan ser atendidos en la única hora que el médico pasa consulta cada miércoles. En caso contrario tienen que desplazarse al centro de salud más cercano a 10 kilómetros, o al hospital a 70 kilómetros. Si hay necesidad de comprar productos básicos, el pueblo carece de tienda, e incluso de otros servicios tan necesario como una biblioteca.

Recibir cualquier servicio tiene para ellos un coste añadido a cualquier otro niño o niña que vive en zonas con mayor población, no solamente económico, también en gestión de tiempos e incluso moral.

Sus padres todos los días tienen que esforzarse por ofrecer un mundo cercano de igualdad de oportunidades, cosa que para otros resulta absolutamente normal. Las familias con pocos recursos, se ven obligadas de privar a sus hijas e hijos de las clases extraescolares, en incluso del ocio y diversión que cualquier niño o niña debe tener en estas edades. Una tarde a la semana, su papá o mamá se organizan para llevarlos a una localidad cercana para que puedan jugar con niños de su edad. Muchas veces, cuando bajan al parque o a la plaza, no haya nadie con quien jugar, y el llanto por estar solos desgarra el alma de sus padres. No tienen una pandilla, un grupo de pertenencia con el que socializarse y crecer, algo básico para el desarrollo personal y emocional de cualquier niña o niño de su edad.

Esto está lastrando las oportunidades de muchos niños y niñas en el medio rural por el mero hecho de haber nacido en un lugar donde el desarrollo resulta francamente complicado.

La falta de recursos, servicios y oportunidades en estas poblaciones hace necesariamente que tengamos que hablar de ciudadanía de primera y segunda. Esto también lastra la situación de estas personas dentro del modelo cooperativo.

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Existen innumerables factores que durante décadas han afectado al éxodo del medio rural como son la falta de oportunidades laborales, la dotación de servicios, el agua, la política de ayudas públicas en la agricultura y ganadería, en particular en el primer y segundo pilar y la falta de relevo generacional.

Tenemos el DEBER MORAL de devolver el medio rural al espacio que se merece: UN ESPACIO ATRACTIVO PARA VIVIR. Los factores demográficos y el cooperativismo deben estar en el eje de cualquier política de redistribución de la renta y del presupuesto comunitario, español, autonómico, provincial o comarcal, teniendo muy en cuenta indicadores de despoblación, envejecimiento, renta disponible, dotación de servicios, etc. El despoblamiento debe incorporarse en los mecanismos de financiación existentes. Por ello entendemos que deben afrontarse medidas en las siguientes líneas:

* Una Política Agrícola Común que contemple como elemento determinante el asentamiento de la población en el medio rural

No debemos olvidar que la PAC en sus comienzos en 1962 estaba concebida como una herramienta de proteccionismo de la agricultora familiar y el suministro de comida y productos agroalimentarios básicos en Europa a través de la unidad de mercado, la preferencia por la producción europea y la solidaridad financiera entre los estados miembros. Con el paso de los años, los movimientos geopolíticos como la caída del telón de acero, la Ronda Uruguay, la creación de la OMC, fueron poco a poco eliminando este proteccionismo y liberalizando el mercado, pasando a depender de las necesidades del mercado e imperar el beneficio económico por encima del resto de las cosas. Estos condicionantes, junto con el desacoplamiento de la PAC, ligando ayudas a la tierra y no a la producción y con posterioridad en la última reforma, introduciendo la figura del “agricultor activo”, ha generado efectos directos negativos sobre el cooperativismo, el medio rural y el asentamiento de la población. Lo que en sus comienzos pretendía vincular población a la tierra, hoy por hoy genera justo lo contrario. Las regiones predominantemente agrícolas se han ido despoblando.

La agricultura es el sector que presenta el mayor grado de envejecimiento de toda Europa: prácticamente el 80% de los agricultores tienen más de 45 años y más del 30% son mayores de 65 años. En Castilla-La Mancha el 35,5% de la masa social de las cooperativas superan los 65 años y el relevo se ve amenazado ya que solamente el 5,3% de la masa social es menor de 25 años y el 15,1% se encuentra entre los 26 y 35 años. Nos enfrentamos a una situación donde la densidad de población en el medio rural se sitúa en el 12,9 habitantes/km², con un porcentaje de población mayor de 65 años del 36% (cuando en el resto de España nos encontramos en el 31%).

El 45% de la población de nuestra región vive en el medio rural y son los que producen los alimentos, los que se encargan de velar por la biodiversidad, los mayores ecologistas, los que garantizan que día a día se garanticen los servicios a la población. Por ello, debemos afrontar reformas en la PAC que permitan establecer una discriminación positiva en favor del relevo generacional y los más jóvenes, donde se contemple el asentamiento en el territorio y la producción y donde se vertebre población hacia un modelo como el cooperativo que garantiza las rentas de los productores.

* La cooperativa agroalimentaria como agente activo en la vertebración y la sostenibilidad del medio rural

Desde principios de los años 70, la agricultura y la ganadería en Castilla-La Mancha ha ido perdiendo peso en la aportación del PIB como sector productivo, al igual que la industria en beneficio del sector servicios. Pese a ello, el sector primario ha permanecido con una tasa de crecimiento sostenida en el tiempo (si consideramos los datos de evolución entre 1990-2016 ha crecido un 3,5% de media, mientras que si consideramos la renta agraria, ha crecido un 3,2%).

El modelo cooperativo ha tenido demasiado que ver con esta sostenibilidad, garantizando la cohesión territorial. No podemos hablar de una estrategia territorial europea 2020 con un desarrollo territorial, armonioso, equilibrado, eficiente y sostenible sin cooperativas. Las cooperativas, partiendo de su no deslocalización, juegan un papel fundamental en la cohesión social y territorial ya que su avance en la mejora de la cadena de valor y su vertebración está permitiendo que representemos el 42% de la industria agroalimentaria de la región.

Las cooperativas, junto con su base social, juegan un papel muy importante para evitar el despoblamiento, creando productos cada vez con mayor valor añadido y ofreciendo cada vez más bienes y servicios a sus bases sociales. Pero esto no es suficiente, debemos ser capaces de avanzar hacia un nuevo modelo de negocio cooperativo, siguiendo avanzando en la cadena de valor de los productos agroalimentarios, pero integrando nuevas oportunidades de desarrollo socioeconómico para personas asociadas y no asociadas, que vean en el modelo cooperativa, una oportunidad, especialmente en los municipios menores de 15.000 habitantes, donde entendida como cooperativa rural, seamos capaces de crear nuevos servicios en beneficio de la población y el propio modelo cooperativo, y al mismo tiempo, mitigando el problema de la despoblación. Se nos abren nuevas oportunidades a través de servicios educativos, gestión de tierras, cultura, servicios asistenciales, integración socio laboral, servicios de consumo, turismo, conservación medioambiental, gestión de nuevas tecnologías, producción energética y aplicación del “internet de las cosas”. Tenemos un gran reto por delante: sensibilizarnos en esta materia para pasar a ser profesionales del medio rural.

En los pueblos más afectados por el despoblamiento, en particular, los inferiores a 1.000 habitantes, la población activa asociada a una cooperativa es del 41,2%, mientras que en aquellos que se encuentran entre los 1.001-5.000 habitantes es del 21,6%. La cohesión social y territorial de Castilla-La Mancha debe pasar inexorablemente por un compromiso de asentamiento de la población unido al modelo cooperativo, al desarrollo sostenible y al crecimiento endógeno de los territorios enfocados en políticas activas de Responsabilidad Social Empresarial.

* Definición de una estrategia de la administración pública contra el despoblamiento y el declive sociodemográfico

Las proyecciones de población que realiza el Instituto Nacional de Estadística en Castilla-La Mancha muestran que la tasa de reemplazo en la región (las personas entre 10-14 años/personas entre 60-64 años) al año 2018 es del 87,8%, mientras que para el año 2031 será del 72,7%. Esto quiere decir que por cada persona que se encuentra en proceso de retiro del mercado laboral, se incorpora prácticamente 0,9 en 2018 y 0,7 en 2031. Si hablamos del coeficiente de sustitución (las personas entre 20-29 años en relación a las personas entre 55-64 años) en 2018 es del 100% y en 2031 será del 56,6%, lo cual quiere decir que al 2031, por cada persona que se encuentra entre 55 y 64 años, solamente existirán algo más de 0,5 entre 20-29 años. Estos indicadores muestran claramente los problemas de envejecimiento que sufrimos en la región, que aumentan a medida que los núcleos de población son más pequeños.

Despoblamiento 3

En el medio rural, Castilla-La Mancha tiene una densidad de población del 12,9 habitantes/km², pero nos encontramos en determinadas comarcas en situaciones límite donde hace tiempo se superó el umbral de la sostenibilidad rural, citamos en este sentido: Comarca de Almadén y Comarca de Campo de Montiel en la provincia de Ciudad Real, con 9 habitantes/km²; Comarca de Campo de Montiel, Sierra de Alcaraz y Sierra del Segura en provincia de Albacete con 7 habitantes/km²; provincia de Cuenca con municipios menores de 2.000 habitantes, con 5 habitantes/km²; y provincia de Guadalajara, excepto en el ámbito del Corredor del Henares, con 4 habitantes/km². El Gobierno de Castilla-La Mancha está trabajando a través de estas regiones en el fomento de nuevas actividades que permitan facilitar acciones de integración en el territorio, permitiendo vincular financiación del FEADER, FSE y FEDER a la recuperación sociodemográfica, a través de la digitalización del territorio, fomento de la actividad económica y aprovechamiento sostenible de los recursos disponibles.

En todas estas comarcas, la cooperativa agroalimentaria se erige como como la empresa que no solamente garantiza la renta de los agricultores y ganaderos, sino que también retiene población, por lo que debemos ser parte activa en la definición de las políticas activas que en este sentido se están programando.

* Presupuestos públicos justos

La asignación y redistribución de los presupuestos públicos atendiendo a la renta per cápita seguirá haciendo mayor la brecha entre el medio rural y el urbano. La redistribución de los presupuestos debe contemplar entre otros factores: el coste efectivo de los servicios, el grado de envejecimiento, incentivos ligados para el asentamiento de jóvenes en el medio rural, así como flexibilización para el asentamiento de actividades productivas que favorezcan la biodiversidad, la creación de empleo joven estable y el respeto al medio ambiente.

Los presupuestos públicos deben establecer componentes de diferenciación que permitan valorizar más proyectos singulares que primen actividades tradicionales, el empleo rural, la mejora de la competitividad de la industria agroalimentaria, conservación del paisaje rural, el turismo como nuevas fuentes de rentas, siempre considerando esta diferenciación como estrategia de diversificación de las actividades que se desarrollan en el medio rural y potenciando la figura de los líderes y mentores rurales para trabajar en el crecimiento endógeno de las comarcas más allá de las políticas ya establecidas a través de los grupos LEADER.

Un medio rural vivo, bebe de los bienes y servicios, así como de la asignación eficiente de los recursos escasos con los que nos encontramos la población rural. Un medio rural vivo con asignación de presupuestos justos, permitirá una mejor preservación también del medio urbano.

* La igualdad de oportunidades, dentro de las estrategias para crecer en población

La creciente masculinización del medio rural (113 hombres por cada 100 mujeres), hace pensar seriamente en los problemas por los cuales las mujeres son las primeras que se marchan cuando hay ausencia de servicios. Tradicionalmente la mujer ha asumido roles como el cuidado de los hijos y de las personas dependientes, actividades que se consideran trabajo no remunerado y que no aporta valor económico a la economía rural. En este sentido, la creación de nuevos servicios a través de las cooperativas rurales debe ser un mecanismo de regulación para sacar a la luz este trabajo que permita regularizar la situación económica de muchas familias en el medio rural a la vez que generar rentas.

Aquí deben contemplarse políticas activas en favor de la flexibilización de horarios de trabajo en el medio rural, la conciliación de la vida personal, laboral y familiar y apoyos discriminatorios en favor de la natalidad en las zonas rurales. En este sentido, deben articularse carreras profesionales ligados a colectivos de población que estén en condiciones de poder dar servicios a la población y apostar consorcios público-privados que permitan aprovechar infraestructuras infrautilizadas y el cooperativismo como vía para la creación de oportunidades en el medio rural.


* Una política fiscal expansiva en favor de las zonas que se ven afectadas por el despoblamiento

Existen mecanismos e incentivos que en distintos niveles de la administración pueden articularse para favorecer el asentamiento de la población rural. En este sentido, a través de impuestos directos como el impuesto de sociedades, se pueden articular tipos diferenciados para empresas que tengan su sede de dirección efectiva en municipios que tienen problemas de despoblación, empresas que no se deslocalizan o que no cambian su sede de dirección efectiva, a través de desgravaciones fiscales ligadas a la creación de empleo en estos municipios, incentivos a la inversión o tipos de gravamen diferenciales por estar asentada en el medio rural y la creación de empleo. De igual forma, se pueden establecer desgravaciones por rentas obtenidas en estos municipios en IRPF, siempre que mantengan su domicilio efectivo durante los periodos de prescripción fiscal, establecer beneficios fiscales en el Impuesto sobre transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados, así como incentivos a la contratación para colectivos de población residente en estas poblaciones, siempre que la sede efectiva se encuentre en núcleos especialmente despoblados.

En definitiva, la política fiscal expansiva puede ser una herramienta estratégica importante para favorecer la discriminación positiva en favor del medio rural similar a como ya ocurre en regiones como Canarias, Ceuta o Melilla.

* Tecnología acorde a las necesidades de la población

Hoy por hoy, cada vez existe una mayor desvinculación del trabajador al centro de trabajo. Existen fórmulas de trabajo más flexibles como el teletrabajo que permite desempeñar el trabajo diario desde casa, pero para ello, debemos tener tecnología punta para poder comunicarnos de forma eficiente. Una tecnología adecuada puede favorecer que la gente trabaje desde casa e incluso que se puedan crear espacios públicos rurales de co-working que disminuya los costes estructurales de las empresas. Así mismo, esto puede favorecer el comercio electrónico y las comunicaciones entre el medio rural y el urbano.

No debemos olvidar que las nuevas generaciones como la Millennial (nacidos entre 1982-2001) y la generación Z o Centennial (nacidos entre 1995-actualidad), conciben la vida de otro modo.
La generación Z usa internet desde su niñez, son creativos, están sobre informados, su vida social pasa en innumerables ocasiones por las redes, en definitiva, nada de la tecnología les resulta ajeno, buscando innovaciones con lo que hay dentro de un mundo cada vez más globalizado.

La generación Millennial, busca desarrollo profesional, les gusta emprender y aprender de la toma de decisiones, no asustándoles el cambio de trabajo, no conciben la vida sin tecnología, prefiriendo las empresas activas (social media), siendo un segmento a las compras online.

Estas generaciones deben ser parte del futuro del medio rural y por tanto, debemos diseñar oportunidades que les resulten atractivas en las regiones menos pobladas para generar asentamiento de población, incorporando estrategias de empleo joven, ligado a la perdurabilidad de los puestos de trabajo. El “internet de las cosas” no es un reto para ellos, y esto tiene que ser una fuente de generación de valor para estas comarcas a través de asentamientos de emprendedores. El cooperativismo debe estar abierto a asumir las necesidades de estas nuevas generaciones.

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En resumen, la dignificación del medio rural pasa por demostrar al mundo la importancia que tiene para cualquier economía. Se requiere apostar por la dignificación del empleo en los pueblos, adoptar una estrategia activa de comunicación y demostrar que la agricultura y el cooperativismo no implican trabajos de sol a sol, sino que representan un mundo, sencillamente ¡apasionante!, donde cada vez tenemos más retos que afrontar, donde existen grandes profesionales que han apostado por la tecnificación y los alimentos de calidad, y donde hombres y mujeres deben tener su espacio de oportunidades para que se valorice un medio rural que además de ser, el lugar donde la gente de las ciudades se escapa cuando llega el fin de semana, se valorice que es el espacio donde se producen los alimentos que dan de comer al mundo. En este sentido, debemos ser capaces de recuperar la ilusión por el medio rural.

 

Tomás Merino

Técnico de la Fundación CooperActiva