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Autor: Jacinto Tello, responsable del Área de Medio Ambiente de Cooperativas Agro-alimentarias

Es un ciclo. Una sequía intensa seguida de un periodo de lluvias. A lo largo de la historia se ha repetido miles de millones de veces, si bien cada vez los periodos de sequía son más largos y las lluvias más intensas y concentradas en el tiempo.

Este ha sido un final de invierno y un comienzo de primavera atípicos, con registros récord en precipitaciones desde que existen datos. Este hecho ha paliado parcialmente, sin duda, la situación comprometida a la que habíamos llegado, aumentando las reservas hídricas y proveyendo a la tierra de reservas de agua que serán de gran utilidad en los meses más calurosos.

Sin embargo, el periodo de sequía nos ha dejado también algo positivo, aunque sólo sea por aquello de ver el vaso medio lleno. Así se puede interpretar por el hecho de que se ha vuelto a hablar de agua de una manera continuada, con diferentes fines, con diversos resultados, pero se ha hablado.

Conocimiento del recurso

Resulta paradójico que mientras no se deja de hablar continuamente del agua, de cantidades trasvasadas, de concesiones, de dotaciones, etc., no se tenga meridianamente claro las existencias reales de las que disponemos.

En cuanto a las aguas superficiales, se está realizando en estos momentos un cálculo de la capacidad de los embalses de la cabecera del Tajo, ya que el último cálculo se realizó hace 38 años y debido a la colmatación, puede haberse reducido la capacidad de almacenamiento. No es muy lógico que pueda haber diferencias entre las cifras teóricas y reales del agua embalsada en la cabecera del Tajo, máxime cuando la normativa actual condiciona la posibilidad de trasvasar a esa cantidad embalsada.

En lo que se refiere a las aguas subterráneas, nos encontramos con un problema aún mayor. No se conoce exactamente la capacidad, funcionamiento, estructura y comportamiento de los acuíferos. Se tienen unas cifras aproximadas, pero no se realiza un estudio detallado de los mismos desde los años 80. Como es natural, la tecnología ha avanzado de manera exponencial desde entonces, por lo que resulta aún más sorprendente que no se haya abordado un gran estudio sobre este asunto.

Es decir, que tenemos un recurso vital como es el agua, que escasea en nuestra región, que a pesar de ello se lo llevan a otras zonas dentro de España y cuyo consumo debemos controlar para no llegar a situaciones límite de supervivencia y aún así no sabemos exactamente con cuánto recurso contamos. En una palabra, incomprensible.

Necesitamos conocer al detalle la capacidad de los acuíferos subterráneos que están en nuestro territorio, la cantidad de agua acumulada, las aportaciones y extracciones anuales y el balance total del recurso. Como es lógico, no podremos administrar nada cuya cantidad exacta no se conozca. Demandamos a las Administraciones que realicen ese estudio de manera científica, imparcial, objetiva y urgente. Si no partimos de una base fiable, cualquier decisión que tomemos, actuación que diseñemos o sistema productivo que desarrollemos, tendrá una inestabilidad motivada por la incertidumbre de basarse en datos no contrastados, lo que puede traer como consecuencia un fracaso de los proyectos emprendidos, con los consiguientes perjuicios económicos y sociales. Este es el momento y se debe acometer cuanto antes.

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Estrategia de futuro

Si queremos que el sector agroalimentario tenga futuro, sea competitivo y pueda mantener su actividad de una manera rentable y sostenible en nuestras zonas rurales, debemos comenzar por diseñar una estrategia que estructure las actuaciones a realizar. Sólo sabiendo nuestro destino podremos planificar nuestro viaje y proveernos de todo lo necesario para lograr nuestros hitos.

De este modo, teniendo como referencia el lugar en el que queremos que esté nuestro sector agroalimentario regional, será posible tener en cuenta en todo momento los criterios adecuados a la hora de desarrollar programas, convocar ayudas o llevar a cabo alguna actuación que incida directamente en el sector, existiendo una uniformidad y coherencia global.

Al hablar de futuro en el sector agroalimentario estamos hablando de relevo generacional. Esta circunstancia preocupa especialmente, debido al progresivo envejecimiento de la población y las dificultades para encontrar jóvenes que se interesen por la actividad agraria. Si a estas dificultades habituales le sumamos las derivadas de la falta de productividad de los secanos, nos encaminaremos hacia una reducción aún más intensa de la población rural.

Si uno de los objetivos fundamentales de las políticas de desarrollo rural se basa en evitar la despoblación en el medio rural, ¿por qué no se desarrolla la normativa que permita permanecer en él a los jóvenes con garantía de una rentabilidad digna?

La agricultura de secano hoy en día es una agricultura de supervivencia, pero no es lo suficientemente atractiva para retener a las generaciones futuras en el medio rural. Si no se tiene agua, será muy complicado que se mantenga la actividad agraria en numerosas zonas de Castilla-La Mancha que, dependientes de esta actividad, se verán condenadas al abandono progresivo e inexorable.

Se deben implementar herramientas que permitan a los jóvenes el acceso al agua, desde la planificación, la efectividad y la eficacia. Sólo de esta manera podremos frenar el éxodo a las grandes ciudades y podremos mantener en el tiempo las zonas rurales.

Intentos de pacto

Tanto a nivel nacional como regional se está intentando llegar a un acuerdo en materia de agua que permita gestionar de una manera coordinada las actuaciones que se lleven a cabo y en las que participen tanto las Administraciones Públicas, como todos los sectores de la sociedad, también el sector agrario.

En esta compleja tarea existen muchos intereses encontrados que van a ser difíciles de aunar, aunque el camino emprendido merece la pena.

Lo que no es comprensible es que mientras se está intentando llegar a un acuerdo en materia de agua a nivel nacional no se dejen de llevar a cabo las acciones que son precisamente las que más alejan del acuerdo a muchos de los participantes en las reuniones del pacto, como los tres trasvases de 20 hectómetros cada uno, de abril a junio, por un total de 60 hectómetros cúbicos. Se tienen que seguir explorando nuevas posibilidades y utilizar las infraestructuras que ya existen y que se encuentran infrautilizadas.

A nivel regional, también la Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural, ha iniciado contactos con representantes de los estamentos sociales para dar forma a un pacto regional por el agua. Es necesario tener una posición única en materia de agua, defendiendo un mensaje uniforme y siempre priorizando las necesidades de Castilla-La Mancha.

Época de cambios

Estamos asistiendo a una catarsis, a un cambio del status quo en materia hídrica. Las circunstancias cambian, tanto las sociales, como las tecnológicas, como las medioambientales, y es por ello por lo que debemos adaptar las normas, las políticas y las estrategias a dichos cambios.

Según la afirmación atribuida a Charles Darwin: “Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”

Situaciones como las que hemos vivido en este mes de abril, con desbordamientos e inundaciones en muchas zonas de España, fundamentalmente de la mitad norte, tras un largo periodo de sequía, nos deben hacer reflexionar sobre el nuevo panorama que se nos avecina, con sequías pronunciadas seguidas de episodios de lluvias intensas. Los cambios, aunque progresivos, se van produciendo y es por eso por lo que debemos poner los medios de adaptación necesarios para que no se comprometa el futuro del sector.

Actuemos de forma coordinada, conjunta, estudiando las necesidades de todos los territorios, equilibrando los derechos de todos, sin priorizar sistemáticamente unos sobre otros y diseñando el sector agroalimentario que queremos en el futuro.

Agua para producir alimentos

Reflexionemos un momento: cuando se habla de usar agua en el sector agroalimentario no se está hablando de agua desperdiciada, sino que se está usando para producir alimentos. Este hecho evidente da la impresión de que queda olvidado cuando se escuchan argumentos en contra del regadío. El desperdicio y mal uso del agua no es regar, es desperdiciar, al igual que en otros muchos sectores. Es evidente que siempre se puede mejorar en materia de eficiencia en el uso del agua, incluso en España, que estamos a la vanguardia de las técnicas de riego en agricultura, pero tengamos en cuenta que el fin último es producir alimentos y eso es fundamental para cualquier país.

Estamos en un país privilegiado desde el punto de vista agroalimentario. Cuesta encontrar una nación con tal cantidad y variedad de zonas productivas, variedades vegetales, especies animales y una cultura gastronómica tan importante y variada. Nuestros expertos en gastronomía son reconocidos a nivel mundial y estamos asistiendo a un auge de la cultura culinaria que afecta muy positivamente al sector agroalimentario.

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Debemos aprovechar esta circunstancia para reclamar la importancia del sector agroalimentario que en muchas regiones supone un porcentaje muy importante de su PIB, que en el caso de Castilla-La Mancha supera el 14%.

Por todo ello, y aunque sea objeto de otro artículo específico en el futuro, debemos luchar contra el desperdicio de alimentos que, entre otras consecuencias, hace que estemos desperdiciando de manera indirecta el agua utilizada para producirlos.

Como se ve, todos tenemos responsabilidad en la tarea del uso responsable del agua. Como consumidores, debemos atender a las recomendaciones del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente en lo que se refiere al ahorro de agua y mejorar nuestros hábitos de consumo para intentar reducir el agua utilizada.

Según Leonardo Da Vinci, “El agua es la fuerza motriz de toda naturaleza”. Tomemos consciencia de ello y actuemos en consecuencia. Utilicemos el agua con medida y planifiquemos el desarrollo de manera que pueda mantenerse en el tiempo. El futuro nos lo agradecerá.

APORTACIONES DE COOPERATIVAS AL PACTO REGIONAL POR EL AGUA

Desde Cooperativas Agro-alimentarias Castilla-La Mancha se ha realizado aportaciones al borrador de pacto regional. De forma resumida, se expone su posición al respecto:

* Defender el derecho al agua de Castilla-La Mancha en todos los foros en los que se participe.

Necesitamos una postura firme a nivel regional, tal y como se tiene en otras regiones, de tal forma que todos los firmantes del pacto deberían exponer el mismo mensaje en todos los foros en los que se participe, dando fuerza a los argumentos comunes y priorizando las necesidades de Castilla-La Mancha.

* Estudiar de manera exhaustiva la cantidad, calidad y disponibilidad de las aguas subterráneas de Castilla-La Mancha.

Hay numerosos estudios que indican que el potencial de las aguas subterráneas en Castilla-La Mancha es muy elevado. No sólo en Castilla-La Mancha existe un gran potencial, sino que también en otras regiones o confederaciones hidrográficas existen recursos sin explorar que podría cambiar muchas de las situaciones no deseables en la actualidad, como el trasvase Tajo-Segura.

Estudiemos de manera detallada la disponibilidad de recursos y utilicemos los que sean técnica y medioambientalmente sostenibles para poder tener un desarrollo equilibrado del sector agroalimentario regional.

* Definir primero y después desarrollar, una Estrategia Regional del Agua que permita administrar de manera coherente y ordenada los recursos hídricos regionales para cubrir las necesidades según las prioridades previamente establecidas.

Es importante asegurar el relevo generacional de ciertos sectores. Concretamente el sector agrario es uno de los más afectados por la falta de relevo generacional y, por tanto, deberemos poner especial interés en que los jóvenes que se incorporen al sector lo hagan con garantía de contar con los recursos productivos suficientes, entre ellos el agua.

No podemos condenar a la agricultura regional al secano de manera indefinida. Una actividad que no es rentable, no perdurará en el tiempo y su abandono provocará que se abandonen igualmente las localidades donde se desarrollan, provocando inevitablemente el despoblamiento rural, contra el que debemos luchar de manera clara y decidida.

Teniendo este objetivo como prioritario, las políticas y estrategias que se desarrollen deben ir encaminadas a cumplirlo, de una manera coherente y con criterios unificados y compatibles entre sí.

* Revisar la normativa en materia de derechos de uso de agua.

La limitación actual del acceso al uso del agua debe revisarse. Respetando la normativa vigente, debemos encontrar fórmulas que permitan a agricultores que en la actualidad no dispongan de derechos de uso de agua acceder a ellos y permitir la evolución de las explotaciones de forma más uniforme.

* Investigar alternativas de reutilización de aguas regeneradas.

En una situación como la que nos encontramos, de escasez estructural de agua y con previsiones a la baja, con un recurso cada vez más limitado, no nos podemos permitir el lujo de desperdiciar agua que se podría volver a utilizar de nuevo, incluso dentro del propio sector agroalimentario.

Mediante el estudio y la investigación y siempre que se mantengan los caudales ecológicos de los ríos, se podría dar un uso alternativo al vertido a las aguas utilizadas en industrias como la alimentaria, o las tratadas en las depuradoras municipales. Este volumen podría paliar la escasez de agua de la región y trabajar en consonancia con los principios de la economía circular, en la que se basará el desarrollo en un futuro cercano.

* Trabajar para cambiar la normativa en materia de recarga de acuíferos.

En la actualidad, la recarga de acuíferos resulta difícil de llevar a cabo, dadas las limitaciones que en esta materia impone la actual normativa. Son muchos los lugares del mundo en los que se utiliza esta técnica para almacenar agua cuando hay abundancia, de tal forma que pueda ser utilizada en épocas de escasez.

La normativa actual a nivel nacional limita extremadamente esta circunstancia, por lo que conviene revisarla para implementar medidas que favorezcan la lucha contra la sequía.

* Exigir el cumplimiento del Plan Especial del Alto Guadiana.

La normativa que aprueba el Plan Especial del Alto Guadiana sigue vigente, por lo que los compromisos adquiridos por el Estado para con los usuarios del Alto Guadiana también lo están. Si circunstancias ajenas a la Región han traído como consecuencia la paralización de la resolución de expedientes, sobre todo de explotaciones prioritarias, debemos exigir que se cumplan definitivamente esos compromisos y se desbloquee la situación.

El Alto Guadiana es una de las zonas productivas estratégicas a nivel regional en el sector agroalimentario. Conseguir que se cumpla lo comprometido en el Plan permitirá asegurar un futuro a las explotaciones que cuenten con agua suficiente y tranquilidad normativa para usarla de manera acorde a la legislación. 

* Fijar un precio justo para el agua

Entendemos que, como concepto general, el agua hay que pagarla. No significa que los costes de la misma conlleven la inviabilidad de la actividad, sino que es necesario que el coste que supone el uso de un bien público redunde en el desarrollo de acciones que permitan aumentar la efectividad, eficiencia e infraestructuras para su uso.

En el borrador del pacto nacional por el agua ya se refleja la intención de imponer una tasa medioambiental por el uso del agua. Este hecho se justifica por la exigencia de la normativa europea. En este caso, habría también que estudiar los beneficios medioambientales y el papel que desempeña la agricultura en materia de sumidero de gases de efecto invernadero, por ejemplo. De este modo, los costes del recurso deben ser asumibles y permitir el desarrollo futuro del sector.

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