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Quién más y quién menos siempre ha escuchado a padres y, sobre todo, abuelos frases como “no tires eso”, “eso todavía sirve”, “no lo tires, si está como nuevo”, etc.

Los que afortunadamente no hemos padecido la época de escasez de la posguerra española no tenemos tan arraigado el concepto de aprovechamiento máximo de los recursos y hemos asistido a un auge del usar y tirar. Pues bien, estamos asistiendo a un nuevo cambio de paradigma de consumo, pasando de una economía lineal a una economía circular.

Este concepto no sólo es aplicable al sector agroalimentario, sino al conjunto del sistema productivo y de la sociedad en general. En este esquema todos tenemos al menos un papel, el de consumidor. El hecho de realizar una separación adecuada de nuestros residuos domésticos, utilizar materiales reciclables o reutilizables, o intentar minimizar el consumo de materias primas y energía, nos convierte en actores principales de una historia que condicionará el futuro desarrollo de nuestra sociedad.

Pero, ¿realmente sabemos lo que es la economía circular y hasta qué punto nos afecta? En el presente artículo vamos a intentar describir algunas situaciones cotidianas que nos ayudarán a aclarar estos conceptos.

Compramos una impresora doméstica a un precio muy bueno. Comenzamos a utilizarla y se avería. Vamos al servicio técnico y el presupuesto para arreglarla es más elevado que el coste de una impresora nueva. Claramente se está incentivando la economía lineal.

El ejemplo anterior está muy relacionado con el concepto de obsolescencia programada. Se podría definir de la siguiente manera: “La obsolescencia programada u obsolescencia planificada es la determinación o programación del fin de la vida útil de un producto, de modo que, tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño del mismo, este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible por diversos procedimientos, por ejemplo por falta de repuestos, y haya que comprar otro nuevo que lo sustituya”

Otro ejemplo muy claro es el relacionado con la duración de la batería de algunos teléfonos inteligentes, que alrededor de los dos años de funcionamiento comienzan a cargar irregularmente, dando problemas y finalmente muchos consumidores toman la decisión de renovar el teléfono, adquiriendo un modelo nuevo.

La normativa medioambiental que se está elaborando en estos momentos a nivel europeo, nacional y regional va encaminada a cambiar estos conceptos y que se optimicen los recursos utilizados, se produzca de manera más eficiente y se consiga una tasa de reutilización de materiales muy elevada.

Sostenibilidad

Borrador Ley de economía circular Castilla-La Mancha

Desde que a finales de 2015 la Comisión Europea publicó una Comunicación al Parlamento Europeo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones, con el título: “Cerrar el círculo: un plan de acción de la UE para la economía circular”, se han desarrollado numerosas normativas estatales y regionales basándose en los conceptos expuestos en el citado documento.

En el caso de nuestra región, se ha publicado el borrador de la Ley de economía circular de Castilla-La Mancha, en el que se reflejan conceptos tan variados y en ocasiones novedosos como el ecodiseño, la economía colaborativa, el mercado de materias primas secundarias o nuevas tecnologías, entre otros.

A lo largo de esta norma se puede ver cómo el modelo productivo y de consumo va a ir transformándose en los próximos años, ya que necesariamente debemos ser cuidadosos con los recursos utilizados para nuestro desarrollo; recordemos que muchos de ellos son limitados. Entra en este aspecto el concepto de desarrollo sostenible, cuya definición se puede encontrara en el informe Brundtland: “Desarrollo sostenible es aquel capaz de satisfacer las necesidades de la población actual sin comprometer el desarrollo de las generaciones futuras”. De este modo, buscar energías renovables o materiales reutilizables, por ejemplo, será uno de los objetivos de la sostenibilidad.

De manera práctica, ya estamos asistiendo a cambios en nuestros hábitos de compra y consumo. Por ejemplo, las bolsas de plástico de un solo uso van desapareciendo del mercado; ya nos resulta habitual usar bolsas reutilizables y no ha supuesto ningún inconveniente en nuestra rutina diaria. Por otro lado, cada vez es más normal ver coches eléctricos y más restricciones a los diesel en las grandes ciudades.

No cabe duda de que el camino se dirige a cumplir los principios de la sostenibilidad, y no es una cuestión de política ni de imagen, sino de pura supervivencia. Se abren muchas posibilidades en este campo para nuevos sectores de actividad y deberemos aprovechar todas las oportunidades.

El papel del sector agroalimentario

El papel del sector agroalimentario en este ámbito también va a ser decisivo para que se pueda tener éxito en el empeño de conseguir un desarrollo sostenible. Si reflexionamos un momento, podremos ver que la mayoría de los residuos orgánicos que se generan en los hogares provienen de los restos de comida. Es decir, que el sector agroalimentario ha generado esos productos que posteriormente son consumidos y de los que quedan unos restos orgánicos que deben ser gestionados adecuadamente.

Actualmente, en las plantas de tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos (RSU) se separa el componente orgánico que viene mezclado en la basura para proceder a su compostaje y posteriormente vendido a agricultores para que se utilice como fertilizante y se cierre el ciclo productivo. Este es uno de los mejores ejemplos de economía circular, volviendo el material generado y no aprovechado a formar parte del sistema productivo como materia prima, una vez acondicionado de manera adecuada.

agricultura sostenible

Pero ¿qué claves son necesarias para que el sistema funcione adecuadamente?

Un aspecto fundamental para que este ciclo se lleve a cabo de manera correcta es la calidad del compost obtenido para su utilización agronómica. La tecnología que permite realizar la separación de la fracción orgánica en las plantas de tratamientos de RSU ha avanzado mucho en estos últimos tiempos y se consiguen unos niveles de impurezas mucho más bajos que hace 10 ó 15 años.

No obstante, para que la calidad sea insuperable, es necesario implementar un sistema de recogida en el que la fracción orgánica se separe en origen, es decir, en los hogares. Este hecho va a suponer una completa revolución en la manera de gestionar los residuos por parte de los ciudadanos, así como un desafío logístico e informativo para las Administraciones, desde la nacional, hasta la municipal, pasando, por supuesto, por la regional, que es quien ostenta las competencias en materia de Medio Ambiente.

Estrategia regional sobre la gestión de los biorresiduos en Castilla-La Mancha

En primer lugar definiremos biorresiduo, tal y como refleja la citada estrategia: “Por biorresiduos se entienden los residuos biodegradables de jardines y parques, residuos alimenticios y de cocina procedentes de hogares, restaurantes, servicios de restauración colectiva y establecimientos de venta al por menor; así como residuos comparables procedentes de plantas de procesado de alimentos”

Como se puede apreciar, este epígrafe tiene una clara relación con el anterior, ya que se definen los objetivos fijados por las autoridades, algunos de los cuales son los siguientes:

• Prevención en origen:
o Reducir en 2020 la generación de biorresiduos producidos en un 10% en peso respecto a los generados en 2010.
o Alcanzar un 15% de reducción en 2022.
• Recogida selectiva:
o Antes de 2020, despliegue de la recogida selectiva de biorresiduos “municipales”, llegando al menos al 43% de la población y con un porcentaje de impropios inferior al 20%
o A fecha 31 de diciembre de 2023 deberá asegurarse la implantación total de la recogida selectiva de biorresiduos o su reciclaje en el punto de origen.

Para conseguir estos objetivos es fundamental una labor previa de concienciación, formación e información al ciudadano, ya que finalmente será el que tenga que separar de manera correcta la fracción orgánica de los residuos. Resumiendo al extremo y parafraseando a un participante en las reuniones del grupo de trabajo de biorresiduos en la Viceconsejería de Medio Ambiente, esa fracción orgánica es “lo que se comen las gallinas”, frase poco técnica, pero muy gráfica y que refleja que esta acción tan habitual en épocas anteriores está muy de actualidad.

Una de las claves del sistema será el sistema logístico y el formato de recogida que finalmente se decida desarrollar. Son aspectos complejos que deben aunar la sencillez y eficacia con la viabilidad económica y la implicación de todos los eslabones de la cadena de reciclaje.

Más normativa medioambiental

En la actualidad no sólo están ultimándose las normativas citadas anteriormente, sino que también está desarrollándose el anteproyecto de Ley de Evaluación Ambiental de Castilla-La Mancha.

Se espera que a finales de 2018 se pueda publicar definitivamente. Esta ley pretende adecuar la normativa en evaluación ambiental regional a la nacional, modificando algunos aspectos que dificultaban la interpretación de situaciones administrativas y complicaban aún más los ya complejos trámites de autorizaciones medioambientales necesarios para desarrollar algunas actividades productivas.

Esperamos que con la simplificación de los trámites, sin menoscabar las condiciones medioambientales de producción, se eliminen algunas barreras que existían a la hora de acometer algunos inicios de actividad.

Una última reflexión

El camino del respeto al medio ambiente se va a seguir recorriendo de manera irrenunciable si queremos que en un futuro perduren las actividades productivas que permitan a las generaciones futuras desarrollarse de una manera adecuada.

Ese trabajo es diario, está a nuestro alcance y es nuestra obligación colaborar en todos los ámbitos, tanto personal como profesional, para que en el futuro se pueda seguir disfrutando de los medios y posibilidades que estamos nosotros utilizando en la actualidad.

Es una absoluta paradoja que se utilicen recursos para producir alimentos que posteriormente se desperdician y hay que utilizar aún más recursos para que no supongan un problema medioambiental. Esta situación se produce en el primer mundo, porque si reflexionamos sobre la escasez de alimentos que existe en otras partes del mundo, la situación pasa de ser paradójica a prácticamente ofensiva.

Por tanto, reflexionemos y adquiramos hábitos fáciles de llevar a cabo, como reciclar materiales, consumir un poco menos agua y energía, por ejemplo. Un pequeño gesto contribuye de manera decisiva al éxito total de este tipo de proyecto. Si comenzamos mañana, habremos perdido un día. Comencemos hoy.

Jacinto Tello

Responsable del Área de Medio Ambiente

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