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Según el último informe de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria

Según los resultados revelados por el último informe de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria –EFSA- los alimentos producidos en Europa continúan, como en años anteriores, siendo los más seguros.

El informe muestra los resultados obtenidos después del análisis de más de 84.500 muestras, comprobando los residuos de 791 productos fitosanitarios diferentes, de productos agrícolas de la UE, Noruega e Islandia.

De las muestras analizadas, el 96,2% estaban por debajo de los Límites Máximos de Residuos permitidos según la legislación vigente, también llamados LMRs, de las cuales el 50,7% estaban totalmente exentas de trazas de residuos.

supermercado

En cuanto a la situación de española, se realizaron un total de 2.300 muestras de las que un 96,8% estaban por debajo de los LMRs, manteniéndose al mismo nivel que la media europea.

También hay que destacar del informe que de los productos importados por terceros países un 7,2% contenían trazas de residuos por encima de los LMRs, frente al 2,8% de los productos de la UE, confirmando una vez más que los productos procedentes de la UE son los más seguros.

Rigurosos controles sanitarios

Los buenos resultados obtenidos en el informe por los alimentos que consumimos en la UE son fruto de la implementación de Planes y Programas de Control Oficial en todos los niveles, haciendo que todas las partes implicadas en el proceso productivo, de transformación y de distribución cumplan con rigurosos controles sanitarios y nos permiten afirmar que los alimentos que se consumen en Europa son seguros y mantienen un nivel muy alto en el cumplimiento de los estándares de seguridad alimentaria, en buena parte, gracias al fuerte compromiso adquirido por parte de los sectores agrarios y cooperativos.

España se encuentra bajo el marco del “Plan Nacional de Control Oficial de la Cadena Alimentaria 2016-2020” que es el documento que describe los sistemas de control a lo largo de toda la cadena alimentaria. Este Plan viene a repartir las competencias respecto a los controles oficiales, dando la labor de coordinación y control de fronteras a los Ministerios de Agricultura, Pesca y Alimentación y de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, mientras que las competencias en la planificación y ejecución de los controles de procesos productivos recaen sobre las comunidades autónomas.

plato

Las normas de higiene de la producción primaria controlan la producción de los alimentos, teniendo como herramienta principal la “Gestión Integrada de Plagas –GIP-“, en la que se lleva un seguimiento riguroso del uso de los plaguicidas utilizados por parte de los agricultores, comprobando que los productos fitosanitarios y las dosis utilizadas sean las adecuadas y que se cumplen con los plazos de seguridad antes de recolectar los productos. Por otro lado elaboradores, fabricantes, almacenistas, mayoristas y minoristas están obligados a implantar un sistema de APPCC (Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico) en el que se recogen una serie de actuaciones para evitar la aparición de residuos de fitosanitarios en los alimentos por encima de los LMRs.

“Programa 17”

Las Comunidades Autónomas a través del “Programa 17 – Control de residuos de plaguicidas en alimentos” organizan y gestionan los controles oficiales de establecimientos alimentarios y alimentos.
Dentro del “Programa 17” se diferencian dos tipos de controles:

Controles ordinarios. Tienen como objeto evitar la puesta en el mercado de productos con residuos de plaguicidas por encima de los LMRs.

Controles de productos “bajo sospecha”. Tienen como objetivo confirmar y evitar la puesta en circulación de lotes de productos que se consideran sospechosos por diferentes motivos.

Una legislación potente dirigida al control del uso de plaguicidas unida estrictos planes de control oficial que recaen sobre todas las partes implicadas en la cadena alimentaria llevan a que la seguridad de los productos que se consumen en Europa sea muy elevada. A estos controles hay que sumar los diferentes programas de formación en el uso de productos fitosanitarios que hacen que tanto agricultores como elaboradores realicen un mejor uso de los plaguicidas siguiendo las instrucciones de las etiquetas de los pesticidas y realizando tratamientos específicos solo cuando su uso sea necesario, consiguiendo aplicaciones más eficientes y haciendo que las cantidades de plaguicidas usadas sean menores.