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Entrevista a Esteban García, director del Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha (IRIAF)

Esteban García lleva la investigación podríamos decir que en la sangre, tal y como él mismo confiesa, y confía tanto en ella que declara que “me he criado en la investigación y la innovación, me la creo y creo que son la base para encontrar las soluciones a los retos de nuestro futuro próximo”. Natural de Valdepeñas (Ciudad Real), es licenciado en Químicas por la UNED y, tras acabar la carrera, obtuvo una beca en el Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias, por la que comenzó a trabajar en la Estación de Viticultura y Enología de Valdepeñas, donde desarrolló los trabajos experimentales que dieron lugar a su tesis doctoral.

Trabajó como profesor ayudante durante 5 años en la UCLM, en el Departamento de Tecnologías de los Alimentos y en el año 2000, tras aprobar oposición, se incorporó al IVICAM como personal investigador; allí desarrolló su carrera investigadora hasta que, en 2015 se creó el IRIAF y el consejero de Agricultura, Francisco Martínez Arroyo, le nombró director.

Pregunta: ¿Qué funciones desempeña en su cargo como director del IRIAF?
Respuesta: EL IRIAF es un organismo autónomo que depende de la Consejería de Agricultura. El Instituto cuenta con 3 órganos de dirección. En primer lugar está la presidencia, ostentada por el consejero de Agricultura, en segundo lugar el Consejo de Dirección, en el que están representadas las Direcciones Generales y la Secretaría General de la Consejería de Agricultura y todas las Direcciones Generales del resto de consejerías de la Junta de Comunidades con competencias en Investigación y en tercer lugar está la Dirección propiamente dicha.

Mi principal función es dirigir, gestionar, impulsar y apoyar la investigación, el desarrollo, la innovación y la experimentación, en el sector agrícola, ganadero y agroalimentario regionales. Asimismo, la formación y divulgación en el sector son fundamentales, porque nuestros científicos y técnicos, junto con los científicos y técnicos de otras regiones a los que invitamos, realizan cursos y jornadas formativas para trasladar el conocimiento y los avances que se obtienen gracias a los proyectos de investigación que son importantes para el sector.

P: ¿Con qué filosofía trabaja y qué les transmite a los profesionales que desempeñan su labor en el IRIAF?
R: Como cualquier instituto de investigación, tenemos que trabajar sobre tres pilares básicos: la excelencia científica y técnica, porque tenemos que tender a obtener los mejores resultados; la vocación de servicio al sector agroalimentario, y por último, grandes dosis de sentido común.

P: ¿Cuántos profesionales trabajan en el IRIAF y cuáles son los distintos departamentos que existen y sus funciones?
R: Actualmente hay 197 trabajadores; de ellos, 66 son investigadores y técnicos y, de ellos, 22 son doctores, 25 titulados superiores, 7 doctorados y 12 técnicos de experimentación. Tenemos una parte muy importante de auxiliares de I+D+i, 87 en concreto, porque en la investigación agrícola se necesitan muchas manos, en campo, en plantas piloto, bodega, laboratorios…

El resto de trabajadores son personal de Administración y servicios.

La estructura departamental es la típica de cualquier instituto de investigación agrícola y ganadera: Departamento de Producción Vegetal (cultivos herbáceos, leñosos…), Departamento de Producción Animal (centrado en lo que atañe a la región como pequeños rumiantes, liebre, abejas, cerdo ibérico…), Departamento de Transformación y Procesado de Materias Primas (vinos, mieles, queso manchego, aceites esenciales…), Departamento de Bioeconomía y Sostenibilidad (proyectos de revalorización de subproductos, bioeconomía y economía circular), Departamento de Formación y Divulgación Técnica (todo lo que se hace en el IRIAF tiene que difundirse y servir para aumentar el conocimiento del sector).

P: ¿Desde cuándo existe el IRIAF y cuáles son sus funciones?
R: Se creó por Ley en 2015, pero eso no quiere decir que sea un organismo tan joven, porque lo que se hizo al constituir el IRIAF fue englobar dentro de una misma dirección a todos los centros científicos y técnicos que tenía la Consejería de Agricultura por toda Castilla-La Mancha, y estos centros llevan decenios trabajando, cada uno en su especialidad. Estos centros son el IVICAM, en Tomelloso; el CIAG El Chaparrillo, en Ciudad Real; el CERSYRA en Valdepeñas; el CIAF de Albadalejito, en Cuenca; el CIAPA de Marchamalo, en Guadalajara; el CIGAN Dehesón del Encinar, en Oropesa, Toledo; la planta Clamber, en Puertollano; y la Estación de Viticultura y Enología en Alcázar de San Juan.

Sus funciones, aparte de la promoción, el impulso y desarrollo de la investigación, son la experimentación agraria con proyectos encaminados a comprobar cómo los resultados de otras investigaciones, se desarrollan en las condiciones edafoclimáticas de Castilla-La Mancha. Después, los resultados se transmiten a través de boletines informativos. El año pasado, por ejemplo, trabajamos con más de 6.100 parcelas de ensayo o parcelas de experimentación a lo largo de todos nuestros centros de la región.

Además, en 2018 se realizaron 80 acciones de divulgación y formación: 52 cursos, 24 jornadas técnicas y 4 jornadas de puertas abiertas.

P: ¿En qué proyectos de investigación se encuentra inmerso actualmente el Instituto?
R: En 2018 se realizaron 47 proyectos de investigación, cifra que demuestra que el personal que tenemos trabaja mucho y muy bien. Han sido proyectos de muy diversos temas, realizados gracias a fondos regionales, nacionales y 6 proyectos europeos.

Cualquiera de los productos agroalimentarios más importantes de Castilla-La Mancha están siendo investigados al menos en 2 o 3 proyectos centrados en ellos, con unos objetivos generales: mejora de la calidad y mejora de los procesos de producción y transformación. En definitiva poder poner en el mercado productos más competitivos que mejoren la renta de las cooperativas, empresas y de los agricultores.

P: ¿Algún proyecto de cara al futuro que quiera destacarnos?
R: El presupuesto del IRIAF no es capaz de mantener proyectos de cara al futuro y estamos supeditados a la financiación de convocatorias regionales, nacionales y europeas, y por tanto, la planificación de proyectos va en función de qué convocatorias están abiertas. Os puedo hablar de dos proyectos que hemos comenzado hace muy poco y que anteriormente no habíamos abordado con precisión. Se trata de proyectos de Sanidad Vegetal, concretamente en el centro El Chaparrillo, uno dirigido al diseño de nuevas estrategias de lucha biológica contra las plagas del pistacho, y otro dirigido a intentar obtener un modelo predictivo del ataque de la polilla del racimo (plaga de la vid). Cualquier viticultor lo conoce y los efectos perniciosos que provocan, por eso queremos intentar obtener un modelo que nos permita predecir con anticipación cuándo se puede producir ese ataque para prevenirlo.

P: ¿En qué medida cree que es importante la investigación para el desarrollo del sector agroalimentario?
R: Para contestarte uniría dos conceptos: la investigación y la innovación, ambos imprescindibles para el desarrollo del sector. Si tomamos la producción actual, o la comercialización de cualquier cooperativa o industria agroalimentaria, estaríamos hablando del presente de nuestro sector, sin embargo con la innovación nos aseguramos el futuro próximo, y con la investigación nos aseguramos unas buenas perspectivas a largo plazo.

La competencia en los mercados mundiales es brutal, y para sobresalir hay que ofrecer diferenciación, hay que diversificar la producción, hay que mejorar los procesos productivos, hay que hacer más eficiente toda la cadena (desde la producción primaria hasta la puesta a disposición del consumidor) de forma que los costes sean menores y la calidad del producto mayor, hay que mejorar en la presentación, en el empacaje,…. todo eso lo trae consigo la innovación, y esa innovación la lleva a cabo la cooperativa, en colaboración con los organismos públicos de investigación, que ponen el conocimiento a su servicio. Para ser más competitivos hay que dedicar tiempo y esfuerzos a la innovación agroalimentaria.

P: ¿Cómo es la relación entre el IRIAF y Cooperativas Agro-alimentarias?
R: No sé si la palabra puede ser inmejorable, porque todo se puede mejorar. Desde 2015 ambas organizaciones hemos colaborado en multitud de propuestas, muchas de ellas cursos y jornadas formativas. Cooperativas sabe que tiene las puertas abiertas del IRIAF; además en nuestras jornadas, han colaborado técnicos de Cooperativas. Además de apoyarnos mutuamente en proyectos como Vintel o en convocatorias competitivas de financiación. La relación es excelente.

P: ¿Cómo ve a las cooperativas agroalimentarias de la región actualmente?, ¿cuáles cree que son sus fortalezas y sus debilidades?
R: Comenzando por las fortalezas, he de decir que de un tiempo a esta parte, y estoy hablando de años, las cooperativas han mostrado un gran esfuerzo por su modernización, por la adquisición de las más modernas tecnologías en los procesos de transformación y de producción. Un gran avance también ha sido la incorporación de jóvenes y mujeres en los órganos de decisión; esto no es baladí, renueva conceptos, filosofía y forma de trabajar.

También hay que destacar la profesionalización de los técnicos; los agricultores son muy buenos en la producción primaria, pero en una empresa de transformación hay que contratar a expertos en la transformación, en la venta y en la comercialización, y en eso las cooperativas están dando importantes pasos. Son avances que crean las fortalezas de las cooperativas, más su apuesta por la comercialización, el último eslabón para mantener la rentabilidad el sector.

En cuanto a las debilidades, quizá citar dos, la primera de ellas, en la que coincido con lo expresado por nuestro consejero de Agricultura, es la dimensión, que es pequeña en un buen número de cooperativas y eso, frente a los retos actuales de la comercialización, es una debilidad. Esto no quiere decir necesariamente que haya que formar grandísimos grupos cooperativos, pero sí habría que establecer grandes acuerdos para la comercialización, para ser más fuertes en los mercados.

Otra debilidad que veo es la innovación. Poco a poco la incorporación a los staff técnicos está avanzando, pero hay que introducir el plus de la innovación a todas las cooperativas; es la forma de abrirse a los mercados y mejorar la competitividad.

P: ¿Cree que deberían destinarse más recursos a la investigación agroalimentaria en Castilla-La Mancha?
R: Tenemos que diferenciar entre infraestructuras de investigación y recursos económicos de investigación. Castilla-La Mancha, bajo mi punto de vista, tiene unas muy buenas infraestructuras de investigación agrícola y ganadera, ¿por qué? Porque se han aprovechado muy bien los fondos europeos para invertir en las infraestructuras, en campos experimentales, plantas piloto, equipos de análisis… En todo esto se ha avanzado, se ha sacado muy buen provecho de los fondos.

Pero las infraestructuras no sirven de nada si no hay recursos humanos que las manejen y saquen partido de ellas. Y ahí es donde, las cifras de Castilla-La Mancha, comparando el IRIAF, con el resto de Institutos de Investigaciones Agrícolas de otras Comunidades Autónomas, estamos por debajo de la media en cuanto al número de investigadores y a los recursos destinados a la investigación. No es fácil mejorar después del retroceso que se produjo, tanto desde el número de investigadores como desde el presupuesto, a raíz de la crisis económica. La competitividad de nuestro sector necesita que la innovación tenga un soporte económico y humano y este es uno de nuestros grandes retos. Si no tenemos materia gris, de poco nos sirve tener grandes infraestructuras.

P: ¿Qué importantes hitos se han logrado desde el IRIAF?
R: Son muchos y sería difícil enumerarlos todos, pero pongamos algunos ejemplos. Puedo decir que en muchos sectores se ha avanzado en gran medida gracias a nuestros investigadores. El sector del pistacho está en claro auge en Castilla-La Mancha gracias a los investigadores de El Chaparrillo, que en los años 80 vieron que era un cultivo muy apropiado para la región y, desde entonces están trabajando en ello.

En plantas aromáticas y medicinales, se ha impulsado su cultivo y su transformación desde nuestro centro de Albadalejito. Además, el libro genealógico del ovino manchego se ha hecho realidad también gracias a nuestros investigadores del CERSYRA que han contribuido de forma importante a la mejora de la raza.

Asimismo, en el IVICAM hemos recuperado más de 50 variedades tradicionales de vid que se estaban perdiendo en Castilla-La Mancha; algunas de ellas, como el Albillo dorado o la Moribel, ya están autorizadas por la Consejería para producir vinos diferenciados.

Y nuestros investigadores de Marchamalo son referentes mundiales en la obtención de herramientas de detección y lucha contra las enfermedades apícolas.

ESTEBAN GARCÍA, DE CERCA…

• ¿Cómo se define?
Soy una persona muy comprometida, leal, con mis superiores, con mis colegas, y sobre todo leal con el personal a mi cargo. Y también muy vehemente en la defensa de la investigación y la innovación.

* ¿Qué es lo que más le gusta de usted?
La pasión por los retos.

• ¿Y lo que menos?

Puedo llegar a ser obsesivo con los problemas del día a día.

• ¿Y lo que más le gusta de las personas?
La sinceridad.

• ¿Alguna anécdota, en su vida laboral, digna de contar?
En mi época de profesor ayudante en la UCLM, poco antes de irme de allí me enteré que los doctorandos que trabajaban con nosotros me apodaban McGiver, porque me gusta conocer el funcionamiento interno de los equipos instrumentales de investigación, destriparlos y arreglarlos si era el caso…, y por eso me llamaban así (Risas).

• ¿Qué hace en su tiempo libre?
Intentar despejarme de la responsabilidad diaria. Literatura, cine, música, deporte, senderismo…

• ¿Qué se le da bien hacer, al margen del trabajo?
Me relaja mucho el trabajo manual, me encanta el bricolaje, la restauración y la jardinería.

• ¿Su vocación frustrada?
Me hubiera gustado mucho poder conjugar dos de mis pasiones en una profesión: viajar y la fotografía. Tengo una envidia sana por las personas que, como Cristina García Rodero, lo han podido hacer con resultados admirables.

• ¿A dónde se iría para desconectar?
La zona del Alto Tajo, alejado de las grandes urbes, con multitud de senderos con los que disfrutar de la naturaleza.

• ¿Es usted de los que cuenta hasta 10 cuando se enfada o no llega ni al 2?
Normalmente soy paciente, podría contar hasta casi 8 antes de enfadarme, pero cuando me enfado es mejor estar lejos.

• ¿Con quién iría a tomar un buen vino?
Siento admiración por aquellas personas que son capaces de dar lo mejor de sí para mejorar la vida de los demás, por eso me hubiera gustado conocer a Vicente Ferrer. En estos momentos lo tomaría con su mujer, con Anna Ferrer, porque me gustaría empaparme de la labor que realizan.

• ¿Se arrepiente de algo?
Estoy convencido que de los errores se aprende mucho más que de los aciertos. No hay que arrepentirse, pero sí pedir perdón si has hecho algo mal.

• Cuénteme un recuerdo de su infancia
Más que un hecho concreto, lo que recuerdo es una sensación, ya perdida, que es cuando en mi infancia acababa el colegio, en verano, esas horas y horas de no tener que hacer nada, el estorbar más que ayudar en la cocina con mi madre, de la novela radiada, los ratos de juegos en el corral de la casa, con la bici BH por el parque o los alrededores del pueblo. La rapidez y el estrés de hoy en día me llevan a tener anhelo de aquellas horas de dolce far niente.