Cooperativas agro-alimentarias Castilla-La Mancha Avenida de Criptana, 43 13600 Alcázar de San Juan - Tel: 926545200

En este número de nuestro BIA, volvemos a retomar el recorrido que ya veníamos haciendo con el objetivo de presentar y que conozcáis a cada una de las consejeras de nuestra organización.

Ahora toca el turno de Luisa Velázquez, consejera de la Cooperativa Los Pozos, de Daimiel (Ciudad Real), y de la cooperativa de segundo grado VIDASOL en Villarrubia de los Ojos, cooperativas cuyo producto fundamental es el vino aunque, en el primer caso, lleva unos años elaborando también aceite.

Luisa es una mujer entregada y enamorada de su cooperativa, alegre, divertida, que irradia una ilusión y un positivismo que contagia. Es de esas personas a las que, con su voz dulce y su sencillez, podrías estar escuchando horas. Nos ha abierto las puertas de su vida y nos hemos colado hasta el fondo.

Luisa, haznos un recorrido por tus inicios en la agricultura...

Mi vida en el campo viene desde siempre. Ya mis bisabuelos eran agricultores, la agricultura me viene de generaciones y generaciones, así que llevo en los genes ese afán por lo agrícola.

Empecé con mi padre, que tenía cereal y viña. Éranos dos hijas y yo era la mayor. Compaginaba mis estudios con los trabajos en el campo. Mis primeros recuerdos se remontan a las vendimias a los 11 o 12 años, esas vendimias con cuadrillas enormes, recogiendo en el remolque que se iba a la cooperativa a medio día mientras comíamos, la comida en corro… Esas costumbres se han perdido y a mí recordarlas me llena de alegría y nostalgia.

Recuerdo aprender a podar: analizar la cepa para saber qué sarmientos había que cortar, cuáles dejar más cortos, cuáles más largos, todo me interesaba…. Y si hablamos de cereal, recuerdo las tardes con mi padre arando delante con el tractor y yo sembrando detrás.

Todo este trabajo, estos ratos juntos, unió mucho a mi familia, me unió mucho a mi padre.

Intentábamos sacar adelante el trabajo sin mucha mano de obra porque no teníamos tierras para tanto, así que nos tocaba trabajar duro a mi hermana y a mí y nunca se nos cayeron los anillos. Todo lo contrario, estoy convencida de que esta experiencia vital nos fortalece muchísimo. Mi madre también  participaba de las tareas del campo, y a la vez cuidaba la casa y de mis abuelos que vivían con nosotros.

¿Ves diferente la vida de una familia de personas dedicadas a la agricultura respecto a cómo era antes?

Pues sí, ahora no tiene nada que ver con aquello. Ahora no nos planteamos llevar a nuestros hijos e hijas a trabajar, pensamos que es mejor que estudien. Y la verdad es que me da tristeza que no se trabaje por integrarles.

Aparte hay mucha culpa de nuestras propias familias que han evitado el contacto de los hijos e hijas con el campo por eso de “el trabajo en el campo es muy duro”, convenciéndoles que cualquier otra opción es mejor.

Combinar las tareas del campo, ayudar sembrando maíz, podando, vendimiando, y a la vez sacar adelante los estudios, como hacían nuestras generaciones desde muy pequeños, también tenía ese aporte positivo de incentivar la cultura del esfuerzo, de valorar lo que se tiene y de colaborar en la economía familiar en la medida de las posibilidades de cada uno de acuerdo con nuestra edad, aunque solo fuera acompañar a tus padres y verlos trabajar mientras tú jugabas.

Hemos fomentado, con la excusa de darle lo mejor a nuestros hijos, una desvinculación de estas tareas. Y así, con esa desconexión también es muy difícil que a nadie le entusiasme o ni siquiera le atraiga el trabajo agrario, Y luego nos quejamos de que no hay relevo generacional e incluso de la despoblación en nuestra región.

¿Por qué decides dedicarte a la agricultura?

Al poco tiempo de casarme, mi padre dijo que quería repartir su explotación entre mi hermana y yo y, de repente, casi sin darme cuenta, estaba convencida de que quería dedicarme a la agricultura. En realidad, nunca quise desvincularme, así que la decisión fue sencilla. Mi marido tenía, y sigue manteniendo, otra profesión, pero su apoyo fue total.

Comenzamos con las tierras de mi padre y poco a poco  fuimos  adquiriendo  más  dedicadas a la uva, a la aceituna y al cereal, compramos maquinaria, productos de cultivo. Y yo era la agricultora, era la responsable de sacar adelante mi negocio. Y feliz por ello.

Con el paso del tiempo, seguí estudiando a la vez que trabajaba y saqué la titulación de Técnica Auxiliar de Enfermería y, con ese afán de aprender, de experimentar, empecé también a trabajar en la rama sanitaria. Compaginar los dos trabajos se hizo ya muy complicado, pero mi hijo se incorporó a la agricultura y así, entre los dos, es como ahora llevamos la explotación.

Cuentas cómo te ibas formando a la vez que trabajabas en el campo. Sin embrago, siempre se ha visto la agricultura y la ganadería como una opción para personas que no tenían estudios superiores, ¿tú lo ves así?

Parece que está reñido estudiar con formar par- te de la agricultura y estamos muy equivoca- dos en ese aspecto. Muchos estudios se pueden aplicar en la gestión y la explotación del cam- po, y todo viene bien y es necesario. A día de hoy, es imprescindible formarte para llevar tus viñas o cualquier explotación, porque si no, te quedas obsoleta En mi caso, soy una persona con muchas inquietudes. Me encanta leer libros e investigar, pero especialmente para formar- me y aprender para que nuestros cultivos sigan adelante, de riego, de abono, nuevas técnicas…

La agricultura es una actividad que requiere que la persona que la ejerza esté renovándose y aprendiendo constantemente y renovando también sus herramientas de trabajo, para mejorar el rendimiento de sus explotaciones. Por eso, cuando oigo que los agricultores tenemos muchas ayudas me entristezco. Si de verdad supiéramos todo lo que hay detrás de mantener una viña o un olivar… Si supieran que nosotros no nos quedamos con nada, sino que todo está destinado a invertir para mejorar nuestros productos, los productos que luego llegan a las mesas de todo el mundo.

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¿Por  qué  decides  entrar  a  una  cooperativa? ¿Cómo llegas a la cooperativa Los Pozos?

Mi padre también fue un cooperativista conven- cido, eso es algo que quiero destacar: mi padre apostó por el modelo cooperativo. En Daimiel teníamos una cooperativa muy muy grande de- dicada al vino que era La Daimieleña que, por distintos motivos, fue viniendo a menos hasta desaparecer.

Daimiel es una población grande, muy ligada a la agricultura y necesitaba otra cooperativa y, al poco tiempo, así fue: se funda la cooperativa Los Pozos. Comienza con  cereal  y  secadero de maíz, y en años posteriores se pasa a la elaboración de mostos y vinos, y aquí es donde empiezo a  ser  cooperativista,  convencida de que es un buen modelo para vender nuestros productos y obtener mejor precio de venta final. El modelo cooperativo es la mejor forma de organización para defender nuestros intereses. Y en este sentido, invito a cualquier persona que no piense así a que se acerque a nuestra cooperativa a que le expliquemos cómo funciona y cómo cuidamos a nuestra gente, cómo defendemos los precios de sus productos. Estoy especialmente orgullosa de Los Pozos porque la he visto crecer como organización en muchos sentidos. Y estoy especialmente satisfecha también en cuanto en la integración con otras cooperativas compañeras de trabajo en el grupo VIDASOL.

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Participas en Consejos Rectores de distintas organizaciones, ¿cómo llegas a ellos?

Como siempre que podía solía ir a las Asambleas de mi cooperativa, en una de ellas nos dijeron que faltaba gente para completar la candidatura y formar la Junta, así que levanté la mano y me presenté voluntaria. En esa ocasión, me quedé como vocal suplente. Pasado algún tiempo, sin terminar el mandato de este Consejo Rector, dos personas dejaron sus puestos, así que directamente entramos las personas suplentes.

Casi ni me acordaba que era la suplente y, de repente, ¡era consejera de la Cooperativa Los Pozos! Y aquí sigo, arrimando el hombro y haciendo lo buenamente posible junto con el resto del equipo para que la cooperativa vaya lo mejor posible.

De ahí también me dejo convencer (porque como digo, me gusta mucho implicarme en todo lo que pueda ayudar en mi trabajo en la agricultura y ayudar también al resto de mis vecinos y vecinas, mi pueblo y mi entorno) para participar en el Consejo Rector de Vidasol.

A través de mi participación en estos Consejos Rectores acudo a reuniones  y  encuentros de distintos tipos y voy acercándome e integrándome más y más en Cooperativas Agro-alimentarias de Casilla-la Mancha  y  en su Fundación CooperActiva. Hasta el punto que entro a formar parte de su Consejo Rector como vocal suplente. Durante los  años  que me mantuve en ese cargo, la verdad es que no tuvieron que acudir a mí, pero yo sí que seguí participando de las actividades de la organización, especialmente de las que tienen que ver con el impulso de la mujer en el cooperativismo y en el sector agroalimentario.

Y, de esa forma, junto con mi compañera consejera de Los Pozos, Sagrario, asistimos al I Foro de Mujeres Cooperativistas de Castilla-La Mancha en Almagro.

Desde ese momento, empiezo  a  formar parte del grupo de trabajo de la Comisión de Igualdad. Además, y esto es algo que también me enorgullece mucho, participo en este grupo primero porque yo estoy convencida de que es necesario trabajar la igualdad en nuestras cooperativas, pero también es un compromiso de Los Pozos, hasta tal punto que mi gerente, también me acompaña cuando su trabajo se lo permite a distintas reuniones y actividades. Paulino es uno de los poquitos hombres de nuestra  comisión  y  eso  es  para  presumir.

Y el año pasado, Cooperativas Agro-alimentarias de Castilla-La Mancha se propuso incluir a mujeres en su Consejo Rector para ser una or- ganización modelo de cumplimiento del Esta- tuto de las Mujeres Rurales de Castilla-La Man- cha y piensan en mí. Y yo no puedo estar más emocionada, más dispuesta y más ilusionada con esa propuesta. Así que, desde julio, junto al resto de mis otras 7 compañeras estamos tra- bajando también por los intereses de todas las cooperativas de la región, todo un honor y una enorme responsabilidad.

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Por último, Luisa, anima a las mujeres que te leen a dar un paso adelante y apostar por el sector agroalimentario y el modelo cooperativista.

Pues yo les diría que, primeramente, deberían estar convencidas. La prioridad es que cada persona se dedique en la vida a lo que quiera y a lo que le llene, que nada fuese impuesto. Y si a una mujer le gusta el campo, que tomé la decisión de seguir adelante. La agricultura es vital, cultivar productos también. Somos el sector primario de nuestra economía.

De nosotros depende que en la mesa tengamos alimentos y las mujeres podemos formar parte de este proceso. Incluso podemos formar conjuntamente una explotación de titularidad compartida entre  ambos  cónyuges  y  animar a nuestros hijos e hijas a implicarse en el relevo generacional que necesita la agricultura en nuestros pueblos formando parte de la cooperativa y ser motor para movilizar y apoyar la economía desde lo local.

Si de estap andemiaestamos aprendiendo algunas cosas buenas, una de ellas es que ha situado a la agricultura y a la ganadería en la posición que nos corresponde y que parece que a la sociedad se le había olvidado. Somos esenciales. Hemos estado y seguimos estando al pie del cañón, trabajando para que, incluso en esta situación tan complicada, en nuestras casas no nos falten los mejores alimentos de nuestra región.

La  agricultura  en  una  de  las  profesiones que siempre se ha mantenido estable y que siempre perdurará, porque somos esenciales.

Además, y lo digo por experiencia propia, la agricultura en una profesión que permite un alto nivel de conciliación de la vida familiar y profesional, puedes organizar tus horarios, puedes disfrutar de tu familia en el campo mientras trabajas…es una opción muy buena para madres y padres.

Y en cuanto a participar en la cooperativa, yo animo a todas las mujeres. Las cooperativas son su casa. Estamos con los brazos abiertos esperando a todos aquellos socios y socias que quieran venir a trabajar día a día por mejorar nuestra organización.

Necesitamos de los cooperativistas y, cómo no, también de las mujeres. Además, hay muchas formas de participar y colaborar en la coopera- tiva y todas las personas tienen cabida.

Nosotros sí que estamos orgullosos de contar con mujeres como Luisa, que con mucha ilusión trabajan por acompañar a las mujeres de nuestra región en su impulso hacia la primera línea del trabajo cooperativo.

¡¡Gracias Luisa, por tu compromiso y por transmitirnos siempre tu ilusión y entusiasmo!!